“Arietes de madera”

Hay momentos en los que crees tener todo controlado en tu vida, no en lo que te pueda suceder dentro de cinco minutos, lo que ocurrirá mañana, o dentro de un año. Mas bien que crees controlar, que no volverá a suceder algo que ya has vivido, que algunas experiencias ya nunca las tendrás, que nunca tendrás nada con ciertas personas, y no es así, cualquier cosa, experiencia, o persona, puede repetir en tu vida, y aún habiéndolo vivido anteriormente nada te asegura un desenlace diferente a la primera vez.
Mi vida era tranquila, sin sobresaltos, hasta me había acostumbrado a esa monotonía que tanto odiaba, intentaba convencerme que mi día a día no era por mi culpa, que era debido a mis circunstancias, en el fondo sabía que eran excusas, pero equilibraba mi conciencia para dormir con tranquilidad. Hay muchas teorías en la vida, cada día aparece una nueva, con decir que esta o aquella universidad a investigado sobre esto o aquello ya damos por sentado que es así, y cuanto mas complicada de entender es la teoría, es como que es mas real.
Una de mis teorías, de mis decenas de teorías, no es prepotencia, pero no necesito ser profesor ni investigador para tener mis propias teorías, esos profesores tienen un título universitario, yo, una larga experiencia. Una de mis teorías, es aquella, que cuando mas tienes, cuando todo o casi todo tienes, mas te viene sin buscarlo. Si eres millonario, te toca la lotería, te van genial los negocios. Si tienes éxito con el sexo opuesto (O de tu mismo sexo), mas quieren entrar en tu cama.
Sin embargo, si la desgracia te persigue, siempre hay un escalón mas bajo. Si no puedes pagar la hipoteca, encima te quedas sin trabajo. Si no tienes pareja, ni con dinero follas. Si tienes un puente donde pasar la noche, la riada se lleva el puente. Es algo así como que lo malo atrae a lo malo, y lo bueno, a lo mejor, no es el Karma, el Karma es como el horóscopo, por probabilidades alguna vez acierta.
Curiosamente, a mi me sucedió algo que no entraba en esta teoría, pero que de alguna manera tenía que ver con ella. Yo tenía ex-pareja, yo tenía ex-mujer, yo tenía ex-experiencias sentimentales y sexuales, cuando tenía de estas experiencias, no había terceras personas, solo ella y yo.
Debió ocurrir algo que no estaba escrito, que el destino se despistara por un momento, que un agujero de gusano hubiera salido de la nada, el caso es que todas mis ex-experiencias surgieron a la vez, mi ex-mujer, mis ex-parejas, mis ex-encuentros sexuales, y en una cosa, no cambié, que hay que solucionar las cosas según te vayan viniendo en orden de importancia, y así lo hice, o al menos lo intenté.
Carmen era esa mujer a la que siempre había deseado, un sueño desde la adolescencia, pensándolo, mientras escribo, nunca tuve una conversación con ella, era la esposa de un conocido mio, no teníamos esa confianza, es más, quizás si la hubiéramos tenido no habría sido mi sueño erótico, nunca lo sabré.
Encarni era una ex-relación, no la encuadro en una de mis ex-parejas, nunca llegamos a salir juntos, ya me entendéis, no sé si no era nuestro momento, o que por aquél entonces no estábamos en el mismo mundo, si que es cierto, que con el tiempo si llamó mi atención, ero me dije que agua pasada no mueve molinos, además, yo no iba por la vida destruyendo matrimonios. Y solo se destruye, lo que el otro quiere que le destruyan.
Rosa era mi ex-mujer, feliz, según me contaban con otro hombre, por el bien de mis hijos, y por el mío, mientras a ella le fuera genial, menos problemas tendría yo. Por experiencia puedo decir, que cuanto mejo que le vaya a una ex-relación vuestra,menos problemas os dará, y menos favores os pedirá, hasta puede, que te hagan favores a ti si los necesitas.
Y allí me encontraba yo, en ese momento, sin pareja, no me preocupaba, la verdad, pero si que estaba algo fuera de mi ser, hasta donde legaba mi memoria, siempre había tenido una relación con alguna mujer, no quiero pecar de prepotencia, de orgulloso, de narcisista, de macho alfa, pero era algo que no me quitaba el sueño, tenía ese aquél con el sexo opuesto, y mientras no se demostrara lo contrario, era así. Además, tenía la vida solucionada, materialmente hablando, que no era poco en esos tiempos.
Yo era una persona que no sabía manejarse en soledad en los distintos ambientes de la ciudad, si que la soledad era mi amiga, pero en casa. Y no es que no supiera moverme en esos lugares, o en otros, es que mi timidez me impedía conocer a nadie, necesitaba a un “ariete” por así decirlo para abrirme puertas, luego ya yo me ocupaba de conquistar el territorio.
Y lo que no era común en mi, sucedió, quise sentir el viento, vivir la aventura, no tenía amigos, por desgracia la vida me había enseñado que un amistad es mucho mas de lo que yo pensaba, siempre digo que si una persona tiene pocas experiencias tendrá una perspectiva diferente sobre otra que haya vivido muchas sobre la misma cosa. Un día, una gran amiga, mi mejor amiga, al yo decirle que no éramos amigos, simplemente conocidos, me respondió, ¡¡Luis!!, tú, habrías hecho lo mismo. No se lo negué en un 99%, yo habría hecho lo mismo, pero había un 1% de duda, ese 1% que quizás, quien sabe, no habría hecho lo mismo, sin embargo, ella no tenía ni ese 1% de duda.
Y me armé por así decirlo de valor, no tenía nada que perder, en todo caso si me ponía cachonda la noche, todo lo podía solucionar con dinero, no os echéis las manos a la cabeza, la vida es así, oferta y demanda. Subí en mi coche, antes de arrancar me pensé si debía llevar mi coche, se debía vestir así, no quería facilidades para pasarlo bien con otras personas, mi vehículo no era uno de esos que todos podían tener, ni mis vestiduras. Pero me dije, si bajo del coche y subo a casa a cambiarme, ya no saldré, giré la llave y arranqué.
Que no fuera habitual en esos locales, no quería decir que no supiera de ellos, donde se movía lo que fueras buscando. Relaciones, un polvo, una aventura, conversación, distraerte…elegí algo intermedio para empezar, “La llave dormida”, era un local de ambiente, para personas que ya tenían una experiencia, los jóvenes dirían que para gente mayor, que sabrán ellos, creen inventar futuros, y lo único que inventan es la experiencia que les toca vivir y que otros ya hemos pasado y dejado atrás.
Entiendo que en esos locales tengan esa luz deforme, pero una vez dentro, no en la entrada, es que no saluda el suelo con su frente ya se puede dar por contento. No me fijé en nada, en nadie, acudí a la barra, al fondo de ella, ya tendría tiempo de observar. Curiosa la vida, en mi primera mirada, allí estaban, las tres…
Carmen, Encarni, y Rosa…¡¡que curioso!!
Por un momento pensé en abandonar el local, era como volver a ese pasado al que no quería regresar, excepto por Carmen, pero, que yo supiera, seguía estaba casada, aunque bien es cierto que eso no significaba nada.
Mi decisión de quedarme, y no me creeréis, fue por vagancia, volver a coger el coche, buscar otro lugar, aparcar, me dije que si me marchaba, lo que haría sería volver a casa, de todas maneras, el camarero ya me había servido la copa.
Reconozco que las tres se habían cuidado, estaban follables, aunque sé por experiencia, que una cosa es ver a alguien vestido, y otra, desnuda. Las observé durante unos minutos, parecían estar solas, sin parejas. Tenía una cosa muy clara, yo no me acercaría a ninguna, de hecho, nunca me había acercado a ninguna mujer sin antes una presentación como es debido.
Carmen se dirigió a la barra para pedir algo de beber, y que casualidad, a mi lado, hasta el punto que su hombro y el mío se tocaban, en el fondo solo nos conocíamos de vista, y el local estaba a reventar de personas.
– ¡¡Hola!!, como está esto de gente.
– Cierto, parece que se va a acabar el mundo. (Como no quiero ponerme medallas, y era costumbre, ellas siempre me entraban)
Sabía que solo necesitaba un par de minutos de conversación con ella, eso si, que no hubiera venido acompañada de su marido o de otro hombre. Si era capaz de tenerla en ese lugar, a mi lado, sería mía, no digo esa noche, sino en un futuro próximo, no me gustaban esas mujeres que en el primer día, a las pocas horas, ya estaban follando conmigo, no al menos para una posible relación, aunque me considero una persona con una mente muy abierta hay cosas por las que no paso, pero respeto la forma de entender la vida de los demás.
La conversación fue bien con Carmen, demasiado bien para mi gusto, o debería decir, demasiado fácil. Aunque no pensaba en ello en mi coche, en ese lugar, con mi polla dentro de su boca, en cierta manera, me defraudó. Era una mujer que no había evolucionado, se limitaba a complacer, sin iniciativa, se dejaba llevar, y bien, que estando de acuerdo con tu pareja algunas veces me gustaba, prefería quien no tiene miedo a decir, a hacer, a que te sorprenda y te busque. Mi gozo en un pozo, mejor la hubiera conservado en mis sueños, ya no era mi Carmen, lo mejor de los amores platónicos es precisamente eso, que nunca debes hacerlos realidad, en tu mente siempre los idealizas.
Si hubo algo positivo en esa noche, que me gustó salir, no por el polvo, nunca tuve problemas en ese sentido, sino por sentirme vivo de nuevo. Por cierto, Carmen se había divorciado, siendo sinceros, me la hubiera follado igual estando casada, yo nunca me he sentido culpable de hacer lo que siento y dar a otros lo que quieren, yo no tenía que dar explicaciones a nadie.
Lo negativo de la noche, dejando al margen que había perdido un sueño erótico de muchos años con Carmen era que estuvieran Encarni y Rosa en dicho local, quise pensar en las casualidades, y volví al sábado siguiente. Esta vez solo vi a Encarni, es curiosa la vida no digo que desprecies lo que tienes, y que nadie me entienda como que una persona sea de tu propiedad, pero escribiendo así, seguro que me entendéis mejor. Como decía, que con que alargues la mano puedas tenerlo y que no lo aprecies, tan triste, como no tenerlo y desearlo. Seguro que pensaréis que soy como todos, ¡¡que va!!, a mi no me movían unas tetas o un buen culo, aunque entiendo que es fácil decirlo, yo, simplemente, puedo probarlo, pero bien es cierto que soy un camaleón, y me adapto al paisaje, y saber que se había casado de nuevo afiló mi sed de sangre. cientos de veces había visto sus tetas, follado su culo y su vagina, sin embargo, quería volver a hacerlo. Confiaba en mi, en mi poder, nunca me gustaron las facilidades, no tienen mérito. Y quise rizar el rizo estando presente su “nuevo marido”, no tenía ninguna táctica, simplemente, ser yo. A fin de cuentas había hecho mía una frase que decía, “Si no está conmigo, no me merece”.
Solo la observaba, daba caladas a mi cigarrillo, y sorbos a mi copa, no mirándola como un puto baboso, con arte, con clase, solo en esos instantes que se cruzan las miradas sabiendo lo que quiere uno y otro. Yo la conocía a la perfección, ella también a mi, el juego de las miradas no duraría mucho por mi parte, ella era la que debía de arriesgar si quería algo conmigo, dicho y hecho.
– ¡¡Hola Luis!!, raro que tú estés en estos ambientes.
– Si que es raro, pero veo que el mundo no cambia y tengo que venir a estos antros.
– ¿Hay algo que te guste?
– Sé que estás esperando a escucharlo, y te complaceré, me gustas Encarni, lo sabes, no para una relación, nuestro tiempo ha pasado, pero mentiría si te dijera que no deseo follarte, y mas sabiendo que te acabas de casar. No me andaré con rodeos, sabes que no me gustan, mañana a las cuatro de la tarde en esta dirección (le pasé una nota). Entenderé que no acudas, por cierto, ¡¡enhorabuena!!.

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Siempre he dicho que las personas no cambian, yo tampoco. Sabía que acudiría, la conocía muy bien, no la juzgo, en su balanza de la vida su prioridad era vivir cómodamente, y esa fue su elección, pero toda elección conlleva su consecuencia, y si ella se había acercado a mi era porque sexualmente su marido no la satisfacía como ella quería. En todos, o en casi todos los ámbitos de la vida, para tener unas cosas tienes que dejar de tener otras. Y no se trata de ser un Dios para entender que si una persona lo tiene todo, no necesita buscar otras cosas. Las personas son fáciles de entender otra cosa es que no se expliquen bien, o no le hagamos demasiado caso.
El destino, las circunstancias, el momento, qué sé yo, la cuestión es que como pareja no habíamos funcionado, pero en el sexo era una Diosa, era como tener a esas actrices, en esas películas, en esas escenas, que nunca olvidarás. Sabía que posición adoptar, cuando mirarte, cuando actuar o dejarse llevar, sabía hasta cuando gemir. La forma perfecta de provocarte, y nunca pareciendo que actuara, sino que lo sentía y deseaba. Era como una Geisha, nacida para dar y saber cuando y como dar placer.
Y allí estaba, con sus piernas sobre ese pequeño sillón, dándome su culo, su rostro girado hacía mi, esperando que la empotrara contra el respaldo. Era una mujer que no quería caricias en el sexo, dulzura, permisos o dudas. A los que no me entiendan, al menos que comprendan y respeten los gustos de otras personas, no se trata de violencia, o maltrato, tan simple como que cada uno siente y disfruta diferente.
Agarré su melena con fuerza, estiré hacía mi, e introduje toda mi polla de un solo golpe, gritó, me pidió más, que le diera azotes y le dijera lo puta que era. Eso provocó que mis penetraciones fueran mas duras, mas salvajes. Yo no soy quien para decir que hacer, como hacer, que decir, o como actuar, pero mi consejo es probar todo y decidirte por lo que mas te gusta, siempre habiendo consenso.
Después de llegar ambos al orgasmo, encendiendo un cigarrillo, me dije, para una relación perfecta, tendrías que unir a varias personas, y nada es perfecto, si un cuerpo, pero nunca una mente.
Carmen y Encarni, cercioraron mis pensamientos, mientras no se demostrara lo contrario, y de momento, no me faltarían mujeres para follar, como poco ya las tenía a ellas, pero también me ratifiqué en que ellas nunca serían mis parejas, una y otra me habían defraudado, no eran lo que quería encontrar.
Que Rosa se me acercara dos semanas después en ese local no sé como explicarlo, por un lado, pensaba que podría suceder, por otro lado, me daba igual. Era como tener dinero suficiente para comprar el restaurante donde vas a comer y suplicar a uno de sus clientes que te invite a comer, no lo buscaba o necesitaba.
Con Rosa no había mucha conversación, todo lo que no fuera ir directamente al grano me parecería falso. Después de las preguntas y respuestas típicas, el tiempo, el trabajo, la salud…me dijo que era raro verme todos los fines de semana en ese lugar, que no era hombre de un local habitual, hombre de costumbres. Llevaba razón, me conocía bien. Sin entrar en detalles, ya me había explicado miles de veces ante esa mujer, no me debía nada, yo tampoco a ella, me limité a decirle que me gustaba ese sitio.
¿Cómo definir a Rosa?, diga lo que diga, se me atacará, si soy sincero dirán que soy prepotente, egocéntrico, superficial. Si soy diplomático, el que se sentirá mal, la conciencia que no descansará, será la mía. Trabajadora, simpática, alegre, optimista, buena madre, preciosa, con gusto en el vestir, cuerpazo…todo un regalo, verdad?
Pues bien, yo no la quiero para una relación. Reconozco que soy muy raro, el 90% de los hombres soñarían tener una relación así, lástima que yo sea el 10% restante.
Y aquí viene mi prepotencia, mi irrespetuosidad hacía las personas, mi egocéntrismo…que yo lo llamo sinceridad, era simpática y cariñosa con los demás. Morbosa, preciosa, cuerpazo…pero sosa, era como darle cuerda para que se pusiera a andar, si no lo hacías, era como un precioso cuadro colgado en la pared de tu salón. Inquietudes y conversación no iban con ella era como volver a un pasado muy lejano, donde lo único importante era llenar el plato de comida y pagar el techo que cubría su cabeza, muy loable, muy lógico, pero es que no había nada más. Recuerdo aún hoy una de sus míticas frases…”Que mas da quien busque esos momentos, quien encuentre esos lugares, imagine esas situaciones, o le inquieten esas aventuras….si yo no te pongo pegas para hacer el amor”
No quería cansarme con su conversación en esa barra del bar, o me decía lo que quería, o con educación me alejaría de ella…
No hizo falta hacer que me dijera nada, tan simple como invitarme a una copa en su casa. Lo complicado se vuelve sencillo, y lo sencillo, imposible. Llevaba tantos años habiendo vivido de todo que su invitación me pareció de lo mas normal.
Vivía en una bonito piso, de esos dúplex, cogió una botella de whisky y me sirvió una copa, me conocía bien, aunque si hubiera cogido otra botella, mientras hubiera sido alcohol, acertaría igual. Subo un momento a cambiarme y ponerme cómoda, siéntate donde prefieras, me dijo dulcemente.
No pude evitar sonreír, en todos los años de matrimonio nunca me había hablado así, supongo que ahora éramos como desconocidos, y se debe guardar cierto decoro y educación, el problema es que yo no me la creía, nadie cambia. Me senté en unos de los sillones del salón, eran amplios, muy cómodos. Miré el mueble que tenía frente a mi, sus figuras, sus cuadros…siempre había tenido muy buen gusto.
Escuché unos tacones bajando las escaleras, y se presentó en la habitación con medias, liguero y una especie de blusa transparente. Tenía un cuerpo creado para volver loco a cualquier hombre, y esa lencería le sentaba como un guante. Tristemente, recordé, las veces que le había insinuado que se vistiera así, que me buscara, y parece ser que tienes que divorciarte para hacer según qué cosas. No me dio tiempo a decirle lo follable que estaba, se subió encima de mi y dijo al oído, “para que me folle un desconocido, prefiero que lo hagas tú”. Yo me resistí cuanto pude, pero fue imposible (ironía).
Como creo haber dicho anteriormente, Rosa no era de esas mujeres que te buscaban, no era de probaturas, ni de cosas raras, pero follaba muy bien, ve dos orgasmos, ella, varios más, Rosa era vaginal, no clitoriana. Después de un par de horas en su casa, de varias copas, decidí marcharme, ella insistió en que pasara la noche con ella, pero me vino esa frase a la mente que dice…”donde tengas la olla, no metas la polla”. Nos despedimos con amabilidad, no sin antes comentarme que podríamos vernos al día siguiente, dándome su número de móvil.
Tres mentes diferentes, tres cuerpos diferentes, tres grandes polvos, y con eso me quedé, un buen polvo si surgía y coincidíamos otras veces. Yo no había llegado a donde me encontraba en ese momento para volver a repetir mis errores. Estuve un mes sin acudir a ese local, después de tanto follar estaba satisfecho para una temporada, quizás este comentario, ni lo entiendan las mujeres, menos los hombres. A las primeras les diría que “no todos pensamos con la polla”, a los segundos, “que no todos tenemos una polla por cerebro”.
Es cierto que conocía ese local desde hace poco tiempo, pero me atrevería a decir que son de esos lugares que pasando los años, no cambian, siguen igual es como regresar al pasado pero con distintos rostros. No vi a Encarni, ni tampoco a Carmen, si a Rosa, no es que quisiera ver a ninguna, ni dejar de verlas, pero el subconsciente suele llevarte a la última vez que estuviste en un lugar. Antes de que el camarero me pusiera la copa que había pedido ya la tenía ahí, a mi lado.
– No me llamaste, no te gustó?
– ¡¡Hola!!, no, no te llamé, tenía otras cosas que hacer al día siguiente.
– ¿No te gustó?
– Estuvo bien, pero he probado otras cosas que ahora van mas conmigo (la verdad es que quise deshacerme de ella, creo se me pasaron todos los malos momentos de cuando estuvimos casados)
– ¿Que cosas te gustan ahora?
– No lo entenderías…BDSM, Swinger, Tríos, Orgías (son cosas que me gustan, eso si, según con quien y en que momento, no sabía que decirle para que no insistiera)
– ¿Porqué crees que no me gustan?
– Porque seguro que no sabes ni lo que significan.
– Si no sé lo que es, podemos probar, he cambiado.
– ¿Follarías con dos hombres delante de mi? (quise ser cruel, aunque reconozco que lo mas cruel era no decirle la verdad, que no quería nada con ella salvo un polvo esporádico)
– Si tú me lo pidieras, si, follaría con dos hombres delante de ti.
Eso ocurre cuando no eres sincero, que te pillan tarde o temprano, y salimos juntos de ese lugar, pero esta vez no fuimos a su piso, cogí una habitación en el centro de la ciudad, evidentemente no llevaba a dos hombres para que se la follaran, pero si quise hacer algo diferente, vería por mis propios ojos si había cambiado.
Por supuesto que no llevaba en el maletero de mi coche un “Kit de BDSM”, pero no hacía falta, solo tienes que ser imaginativo. No soy quien para dar consejos, pero si alguna vez queréis probar algo nuevo, no gastéis mucho dinero en ello, si es el caso de que después de probarlo os gusta, ya iréis comprando “calidad”, y lo mas importante, llegar a un consenso con vuestra pareja, o como decíamos cuando estaba en ese mundo, “un contrato”.
Cualquier cosa me valdría para hacer lo que quería, mi corbata por ejemplo, le dije lo que quería hacerle mientras subíamos en el ascensor, pareció no sorprenderse de nada. Había varias cosas que quería hacer con ella en particular, pensaba en nuestros años de matrimonio y que nunca quiso ni siquiera probar, follarla el culo, que me mirara cuando me comiera la polla, y correrme en su boca. Veríamos si había cambiado.
Le dije que pasar al baño y saliera solo con tacones y medias, me comentó que no llevaba medias, daba igual, solo con los tacones. Me dispuse a buscar en la habitación algo que sirviera para atarla, tenía como “comodín” la corbata, pero necesitaba algo más, vi en el armario un par de bolsas de plástico, rajándolas me podrían servir. Al salir del baño, no me sorprendió, era una Diosa, daba igual como vistiera, como se peinara, tenía esa “virtud” de estar siempre resplandeciente, lástima que Dios ponga tanto interés en unas cosas, y pocas, o nada en otras (opinión personal).
No tenía muy claro por donde empezar, ser romántico, cariñoso o dulce, ya te digo que no. Le dije que se sentara en una de las dos sillas que había en la habitación, cogí las bolsas del hotel y até sus piernas a la altura de sus tobillos, abriendo totalmente sus piernas. Me quité la corbata y até sus muñecas por detrás de su espalda. No conozco a ningún hombre, o Dios, que viéndola así, no hubiera querido poseerla.
Cogí la otra silla de la habitación y la puse frente a ella. me senté.
– ¿Sabes?, me gustaría salir a la calle, y a los dos primeros hombres que viera traerlos para te follaran salvajemente.
– ¿Y porqué no lo haces?
– ¡¡Calla puta!!, nadie te ha dicho que puedas hablar, si esto continúa, si seguimos viéndonos, no te preocupes, ya buscaré a esos hombres.
La vida es tan sencilla como, “que a lo que a ti te mata, a mi me da la vida”. Para saber si algo te gusta, para tener argumentos, debes probar antes de opinar, no?
Me levanté, bajé la cremallera de mi pantalón y saqué mi polla, pocas veces la he visto tan erecta, agarré su melena y se la introduje en la boca, la obligué a mirarme, sacaba mi polla y golpeaba sus labios, luego volvía a introducírsela, una y otra vez. Ponía mis testículos a la altura de su boca para que los lamiera, esta situación duró unos minutos, no quería correrme sin antes follarla.
Desaté las ataduras de sus tobillos y muñecas, la incorporé, agarré su melena y la lleve a ese gran ventanal que presidía la habitación, descorrí las cortinas y la obligué a que apoyara las palmas de sus manos en el cristal, mi mano en su espalda la reclinó hacía delante, mi pierna derecha separó cuanto pudo las suyas.
Agarré mi polla y la apunté a la entrada de su ano, con dulzura, parsimonia, introduje mi glande en él, hasta hacer desparecer toda mi polla, Rosa no pudo evitar un pequeño gemido. Saqué y metí mi polla con tacto varias veces, hasta comprobar que la entraba sin mucha dificultad, entonces, mi envestidas se volvieron duras, salvajes. Ella gritaba, pero no de dolor, de placer…me pedía mas y mas, que no parara de follarla. Su cuerpo se arqueaba esperando lo inevitable, con mi mano derecha agarré con fuerza una de sus tetas.
– ¡¡Dame con fuerza con tus mano en mi culo!!
¡¡Vaya!!, lo mismo había cambiado y era verdad, las palmas de mis manos enrojecieron mientras ella temblaba de placer llegando al orgasmo. Sujetándola de los hombres la hice arrodillar, mi semen inundaba su boca, saliendo por la comisura de sus labios.
Nos despedimos a la mañana siguiente, pero esta vez fue ella quien me hizo darle mi número de móvil.
– ¡¡Esta tarde te llamo!!
No sé, todo estaba demasiado bien, ella no era así, y no me equivoqué…

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No me había dado tiempo a ducharme cuando ya me estaba llamando. Me citaba a las cinco de la tarde en un conocido restaurante de la Ciudad. Rosa no había entendido nada, yo no quería pareja, al menos no a ella, no quería compromisos, no quería agendas, ni planes, nada parecido a una relación convencional, pero decidí acudir a la cita para dejarlo todo muy claro.
Nada mas sentarme en la silla del restaurante ya me estaba diciendo que haríamos ese día, pasear por la plaza, tomar algún vino, ir al cine, cena romántica, y repetir la noche anterior.
– ¡¡Rosa!!, te pido perdón si te he dado a entender otra cosa, pero yo no quiero una relación. Solo pasarlo bien, sin compromisos.
– ¡¡Vaya!!, anoche, cuando te corrías en mi boca y me follabas el culo, me llamabas puta, parecía gustarte.
– Y me gustó, y si se da el caso, y nos apetece a ambos no me importaría repetirlo. Eso es una cosa, otra, que quiera una relación contigo.
– ¿Te gusta otra mas que yo?, vi como salías con otras mujeres de ese local.
– Ni mas ni menos que tú, cada una me provoca una cosa.
¡¡Ya!!, mejor tener tres, cuatro, o cinco, que una, no?
– ¡¡Rosa!!, yo a ti no te debo nada, menos una explicación, quieres que sea soez?, ¡¡perfecto!!, me encantó como me comiste la polla, siempre lo hiciste de lujo, ahora incluso mejor, me dejas correrme en tu boca y la lames hasta dejarla como un precioso diamante. Pero, me vas a perdonar, o necesito una relación para que me la coman así.
– ¡¡Eres un mierda!!
– Que yo recuerde, me corriges por si estaba borracho, yo no te busqué, no te invite a mi casa, no te propuse follar, o estoy equivocado?
– ¡¡Eres un cabrón!!, en lo único que has pensado siempre es solo en ti, primero tú, segundo tú, tercero tú
– Llevas razón, para ser feliz sea de pensar en uno mismo, toda la razón, aunque lo “segundo” y “tercero” sobra.
Se levantó de la silla y me dejó allí solo, encantado de la vida, “otro consejo si queréis tenerlo en cuenta”, as diplomacias, lo educado, lo respetuoso, la vergüenza…la mayoría de las veces no sirven para nada, excepto para que te salga una úlcera, ya sabéis el refrán, “Más vale ponerse una vez rojo, que ciento colorado”. Sabía lo que quería, ya fui un puto adolescente ignorante, para ahora volver a mis errores, cada cual que me cometa los suyos, yo ya tenía mi diario completo. Pedí una copa y salí a uno de los veladores, encendí un cigarrillo, y pensé, ahora me gustaría follarle mas que nunca el culo, me había puesto cachondo, pero nunca volvería con ella, si aún siendo la única mujer del planeta.
La primera copa me llevó a una segunda, a una tercera, recorrí parte de la ciudad, observando a las personas, a las parejas, en una pequeña ciudad todos nos conocemos, mejor dicho, todos sabemos de todos pero nadie conoce a nadie, yo, mientras tanto nadie me deje “sus zapatos”, opinaré de lo que veo.
Por un momento hasta me concience que la felicidad era eso, aparentar felicidad, salir un fin de semana, seguir casado, esperar a una boda o comunión, y sirte días al año reñir por poner la sombrilla lo mas cerca de la orilla en la playa, pronto desaparecieron esos fantasmas, seguro que era el alcohol quien me hacía pensar así. Unos jóvenes sentados en un banco, fumando porros, ¡¡vaya!!, que imaginación me dije…
– ¿Tienes un porro?
– Si, pero te costará cinco euros.
– Te doy diez euros por un porro (me dirigí al chico que tenía a su lado)
– ¡¡Claro!!, maría?
– Si tienes de “costo”, mejor
Quería olvidar mis pensamientos de que esa vida que odiaba me apoderara de mi, y eso porro seguro que me quitaba las tonterías. Deambule de bar en bar bebiendo, solo recuerdo haberme emborracho dos veces, y fue en la adolescencia, y mi cuerpo siempre me avisaba desde entonces, ebrio si, pero sabiendo donde estoy y lo que digo.
Ya os hablé que la vida es una hija de puta, de cuanto mas tienes, mas te viene sin quererlo, pues eso, Rosa estaba allí, en el pasillo de mi edificio, al lado de mi puerta.
Me encantaría follarte la boca, en serio, pero no creo que se levante.
Muchas veces me he preguntado que me das, que le das a las mujeres para siendo tan gilipollas, nos tengas locas.
Hay muchas teorías sobre eso…yo me quedo con esa que dice, “nadie quiere lo que muchos le ofrecen, sino lo que solo uno le puede dar”.
– Que haces aquí?
– ¿No me esperabas?
– La verdad es que no pensé en ello, quieres entrar?
– Para eso estoy aquí.
Otro consejo…”Los niños y los borrachos no siempre dicen la verdad, sino su verdad”, el niño respecto a lo que siente, pero que poco sabe, el borracho, respecto a lo que poco sabe pero sin vergüenza a decirlo.
– ¿Quieres tomar algo?
– Ginebra con tónica, tienes?
– ¡¡Por supuesto!! (Ginebra con tónica? No me jodas, a esta me la habían cambiado)
Salí de la cocina con dos “Gin Tonic”, a mi ya me daba igual eso que otra cosa, después de todo lo que había bebido, y mira, quedaba como Dios acompañándola.
– ¿Te gusta?
– Me encanta (se había subido el vestido enseñándome sus medias, braguitas y liguero), pero no creo que después de todo lo que he bebido se me ponga dura.
– ¡¡Tranquilo!!, eso me lo dejas a mi.
Cogió uno de los cojines de sofá, lo puso en el suelo, se arrodilló sobre él, subió su vestido hasta que yo pudiera ver su precioso culo, me desabrochó el botón de mi pantalón, los bajó y sacó mi polla. Agarró su gin tonic, dio un pequeño sorbo y lo vació sobre mi polla, después de mi escalofrío se la metió toda en la boca.
– Yo no la veo tan mal, crece por segundos en mi boca.
No quise pensar en nada, solo dejarme llevar. Después de un rato de comerme y lamerme la polla se levantó, se quitó las braguitas, me dio la espalda, y se sentó encima de ella. Abrió su vestido hasta dejar escapar su tetas, cogió mis manos y las llevó hacía ellas. Apoyó sus manos en mis piernas y comenzó a cabalgar, lentamente al principio, bruscamente a continuación, mi orgasmo no tardaría, y eso que pensaba que ni siquiera se me pondría dura. Intenté un par de veces sacar mi polla de su vagina, pero no me dejó. Agarré su culo y me corrí dentro de ella.
– ¿Te ha gustado?
– Mucho, pensaba no poder follar después de lo que había bebido.
– No todas te conocen como yo….voy al baño.
No, no, y no, me daba lo que quería, lo siempre había deseado, pero ella no era así.
– Podría pasar la noche aquí sino te importa.
– Creo que no deberíamos ir tan deprisa (no sabía que decirle, y mas creyendo habérselo dejado claro esa tarde en el restaurante)
– Tienes razón, debemos ir mas despacio.
Me subí los pantalones y no quise pensar en nada, la cabeza me daba vueltas, cuando la vi aparecer con un cuchillo en las manos, después de tocarme la frente varias veces con él….
– Recuerda, tú eres mío, y solo mío.
Os puedo garantizar que se me pasó la borrachera en ese momento, uno sabe enseguida cuando la cosa va en serio o en broma, y yo la conocía muy bien, aunque reconozco que no me lo esperaba de ella. Sin embargo, después de esos minutos de incertidumbre, y de pensarlo un momento, le quité importancia, no sería capaz, Rosa, no.
No quería pensar mucho en lo sucedido, pero estaba intranquilo. El día se desarrollaba como cualquier otro día, desayuno en la plaza mayor, distrayéndome viendo a las personas, cuando entró en el bar donde me encontraba una conocida de toda la vida, antes de que terminara de levantarme para saludarme ya me estaba abrazando, yo es que tengo amistades muy cariñosas, a diferencia de mi. Tampoco es culpa mía que la mayoría de esas amistades, estén de muy buen ver, ya me entendéis.
Después de varios minutos de conversación me enteré de su boca que se había separado hace ya un par de años. Es mentira eso de que una mujer separada, divorciada, o viuda mejora físicamente con esa situación, lo que ocurre es que el hombre “vulgar” la ve en el “mercado”, y claro, la ignorancia asocia esa nueva vida con el sexo, en fin.
Sagrario, que así se llamaba esa mujer, como comentaba anteriormente, era muy cariñosa, sinceramente, demasiado para mi gusto, se pasó todo el rato acariciándome la mano, la cara…no me imaginaba siendo su pareja, aunque habría que conocer a las personas desde una mirilla en la intimidad de su hogar. Ya lo dice el “caos”, nada es lo que parece, y lo que parece es mentira.
En una de esas caricias de Sagrario, miré al exterior, allí estaba Rosa, mirándome fijamente, sus últimas palabras resonaron en mi cabeza, “tú eres mío, solo mío”, cruzándose nuestras miradas, me lanzó un beso sentí escalofríos, hubiera preferido que me disparara. Empecé a cogerle miedo.
Después de toda la mañana en la calle, y haber comido,me dirigía casa, no sin antes mirar detrás de mi varias veces, no hay nada peor que ese miedo que no puedes ver, ese que es invisible. Abrí la puerta de mi casa, cerré, dejé las llaves en el mueble del pasillo, y allí estaba, sentada, tranquila, con una copa entre las manos.
¿Que haces aquí, como has entrado?
– El portero de tu casa es muy simpático, le he dicho que era tu mujer.
– Ya hablaré con él, y tú, no vuelvas a entrar en mi casa sin pedirme permiso antes.
– ¡¡Vaya!!, pensaba que éramos pareja.
– No somos pareja, ni lo seremos.
– ¡¡Por cierto!!, estaba muy guapa Sagrario, hacía tiempo que no veía…¿te la has follado? No digo hoy, sino cuando estábamos casados.
– Yo nunca te he sido infiel.
– Ahora va a resultar que eres un “angelito”
– Nunca lo he sido, ahora tampoco, un minuto antes de ser infiel, mejor dejar la relación. Son tus palabras, recuerdas?
– No discutamos, te apetece una copa?, a mi sí.
– Mejor que te vayas a tu casa, preferiría descansar un rato.
– Como quieras….te llamo esta tarde, ¡¡cariño!!
Esto ya me sobrepasaba, tenía que terminar con ella. Curiosamente, esa misma mañana me había llamado Encarni para vernos por la tarde, le había dicho que si, pero ahora, Rosa era mi prioridad. Esperé su llamada en casa, nervioso, me pregunté si los errores de una persona llegan un día a olvidarse, o por el contrario, le persiguen mientras viva. Fui consciente en ese momento que nunca llegas al último escalón de tu vida, siempre hay uno mas bajo. Lo que un día no te compensa, lo que crees que no es suficiente, con el tiempo deseas volver a ello, después de comprobar que tú presente aún es peor. La experiencia con Rosa, todos esos años vividos a su lado debían de servirme de experiencia, tenía que idear un plan, y ese era intentar convencerla que lo nuestro no funcionaría, negarle las cosas y discutir con ella sería peor. Después de recibir su llamada quedé en un conocido restaurante, muy concurrido sabía que ella actuaba diferente si estaba rodeada de gente, o si nos encontrábamos solos. Lamentable que me encontrara en estas circunstancias, no tenía ninguna necesidad, me sentía como un gilipollas.
Después de varias horas, de haber dejado claro mi postura de no quererla ver nunca más, que lo nuestro había terminado, y de que ella parecía haberlo entendido, me fui a casa. Mi mano temblaba sujetando la llave para abrir la puerta, algo me decía que la noche no había terminado, efectivamente, allí estaba, ni siquiera me planteé como había llegado antes que yo. Música de fondo, llevando uno de mis “mandiles”, y con una sonrisa, preguntando que tal mi día y si me apetecía cordero que estaba preparado con tanto cariño.
Salí corriendo de mi casa, le dije a Juan, el portero, que llamara a la policía.

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¿Y que hace la policía?
Nada, ella no había cometido ningún delito. Las llaves se las había entregado libremente Juan, y sobre lo demás no tenía ninguna prueba contra ella. A partir de ese día me propuse varias cosas, no volver a verla, en caso de que coincidir grabar toda la conversación, y tomar todas las precauciones posibles.
No supe de ella durante un par de semanas, hasta esa noche, no era tan tarde como para que Juan no estuviera en la portería, de no haberme ocurrido nada con Rosa no le hubiera dado importancia pero mi instinto me dijo que algo ocurría, subí a casa mirando cada rincón, cada escalón, abrí con precaución la puerta y entré en el piso. Nada mas entrar una sonrisa nerviosa se apoderó de mi, había entrado en paranoia por todo lo que me estaba sucediendo.
Pero no, no era paranoia, al entrar en el dormitorio para ponerme cómodo, allí estaba, tumbada y desnuda sobre mi cama.
– ¿Qué coño haces aquí?
– ¡¡Hola cariño!!, esperarte, que tal tu día?
No quise mas conversación, todo era absurdo, la agarré del brazo y la saqué de la cama. No me había percatado del cuchillo hasta que vi mi brazo lleno de sangre, ¡¡hija de la gran puta!!. imagino que no paré de golpearla con el perchero hasta que ver un gran charco de sangre en el suelo, no recuerdo nada, solo me vi con el perchero en la mano y Rosa con su cara destrozada en el suelo. Supongo que enloquecí, quién en mi lugar no se hubiera defendido?.
Cogí mi móvil para llamar a la policía, pero algo me frenó, me creerían?, porqué tanta saña hasta destrozarle la cara a fin de cuentas un hombre es mas fuerte que una mujer, cómo había entrado, porqué estaba desnuda, porqué no llamé a la policía al verla dentro de casa…me senté a pensar, y a veces pensar mucho no es bueno, no sueles tomar las mejores decisiones, y no se me ocurrió otra cosa que descuartizarla y deshacerme del cuerpo.
Siempre que había leído sobre ello, o visto alguna película, pensé que esas personas estaban enfermas, que eran psicópatas para hacer algo así, pues no, solo tienes que encontrarte en esa situación. No puedo decir que me resultó fácil, me llevó seis horas cortar su cuerpo lleva mas trabajo de lo que uno pueda imaginar, y más sin las herramientas adecuadas, respecto a si tuve arcadas, remordimiento…no, en absoluto.
Eran las cuatro y media de la madrugada, la mejor hora para bajar el cuerpo troceado de Rosa sin que nadie me viera, eché varios viajes hasta terminar de bajar todas las bolsas. Conocía varios caminos a las afueras de la ciudad que me servirían para enterrar el cuerpo, pasé antes por la cochera, mi padre siempre dejaba allí sus cosas, entre otras cosas, un pico y una pala. Dice mi madre que no hay que tirar nada, no sabe uno cuando le hará falta.
Encontrar el sitio idóneo, al menos el que yo creí el mejor me llevó una hora, nunca he cavado tanto y en tan poco tiempo, no hay nada como que tu vida dependa de algo, hasta allané las huellas del coche y las mías propias con una rama, lo había visto en alguna película, todo lo dejé como lo había encontrado, con un poco de suerte, nunca encontrarían el cuerpo.
Regresé a casa sobre las siete de la mañana, apenas había nadie en las calles, y aunque observé alguna luz encendida en mi edificio no me encontré con nadie en las escaleras. Antes de descansar dejé el dormitorio y el baño impoluto, sabía de esos productos que utilizaba la policía para comprobar si había sangre en el escenario de un posible crimen por mucho y bien que limpiaras la sangre, pero en el caso de que alguien denunciara su desaparición y me consideraran como sospechoso ya averiguaría como limpiar y deshacerme de esas “pruebas”.
Dormí con un “bendito”, quien me lo hubiera dicho después de matar a una persona, la mente es la gran desconocida de una persona.
La verdad es que no tuve ningún problema con la policía, acudieron a mi domicilio tres semanas después del crimen, me hicieron preguntas que supongo harían a otros posibles sospechosos, no tenían nada contra mi, excepto esa llamada que les hice cuando ella estaba dentro de mi casa. Incluso dudo que hubieran encontrado el cuerpo, no encontré noticias sobre ello, seguí con mi vida normal, y no dar pie a que pudieran sospechar de mi.
Cuando era un niño, apenas siete años, acompañado de mi madre fuimos a visitar a un médico en su domicilio, era ya un anciano, no ejercía su profesión, pero mi madre que tenía mucha fe en ese hombre y ante la enfermedad de mi abuelo quiso visitarle, después de escuchar a mi madre le indicó que medicinas comprar para la curación de mi abuelo.
Mi madre, tan educada ella, le comentó que nunca habían olvidado a Manuel (hijo del médico), y que rezaban todos los días por su alma, al parecer se había suicidado muchos años atrás. Después de varios minutos de conversación entre mi madre y ese médico se me quedaron grabadas en mi mente las palabras de ese hombre…”¡¡Juana!!, cuando una persona tiene en su mente suicidarse, está convencido de ello, tarde o temprano lleva a cabo su propósito”.
Y eso precisamente me ocurrió a mi, no la de suicidarme, sino la de volver a matar, yo no lo sabía después de asesinar a Rosa, pero ya lo tenía metido en la sangre. No espero que nadie me comprenda, ni me entienda, ni siquiera que me defienda ante una posible enfermedad. Es algo superior a ti, es como la fe en una religión, lo necesitas para seguir viviendo, como un animal matar a otro para sobrevivir, y eso hice, no sin antes intentarlo todo para desistir de mi locura, fue inútil, y desde entonces ya no opuse resistencia, al contrario, me dejé llevar.
Hace años leí un estudio sobre el cerebro, según el cual una “mala” persona, alguien que piensa en hacer daño a otros utilizaba mas partes del cerebro que los que hacían el bien, la conclusión básica era la siguiente, una buena persona no tiene que pensar en hacer bien, le sale natural, sin embargo, la mala persona tiene que ponerse a pensar en como hacerlo sin que le cojan, estudiar el escenario, posible victima, datos y datos. No puedo asegurar que a partir de ese momento de decidir seguir matando me hice mas inteligente de lo que era anteriormente, si que estudiaba como hacerlo, a quien, dónde, cuando…cosa que con Rosa no hice, me estaba perfeccionando, solo tuve una duda, si las muertes de mis victimas serían rápidas, discretas, un asesinato más…o muertes con mensaje, terribles.
Dicen que no hay crimen perfecto, calumnias, solo tenéis que preguntar los miles de crímenes sin encontrar al causante, y mas si el autor es inteligente, sin prisas, paciente, metódico. Sin nada en común una victima con la otra, narcisista si, pero solo lo necesario.
Nada de riesgos, nada de venganzas, nada de superar las victimas de otros, uno no suele pasar a la historia con la cantidad, historia si, no me he equivocado en la palabra, una gran parte de los personajes que han pasado a la historia son los mayores asesinos de la humanidad, solo tenía una debilidad por así decirlo, y era consciente de ello a todas mis victimas les arrancaba los ojos poniendo un par de monedas en su lugar, hay que pagar al barquero, a fin de cuentas miraba por mis victimas, tanto si creían o no en otra vida, por si acaso, hay que pagar a la muerte, y “Caronte”, como todos, tiene “su sueldo”.
Es cierto, que a veces, ante una situación imprevisible, el humano es impredecible, pero por lo general es muy básico, después de llamarme “El asesino de la moneda”, “El saca ojos”, “El Cuervo”….tuve que grabar en el torso de mi octava victima mi nombre, “El porteador de Almas”.

Caronte-2

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