Minerva.

Conocer a Minerva ha sido como si dioses y demonios se hubieran puesto de acuerdo. Es como haber creado algo de tu interior, tu igual, aunque tan diferente… Desconocida hasta entonces y parecer conocerla de toda vida. Es como el miedo sin que te atenace, pero que siempre te mantiene en alerta.
He conocido a muchas mujeres, pero ninguna me provocó este estado de permanente inconformismo. Y no porque no te lo dé todo, sino que nada te parece suficiente. Y no porque creas que siempre te falta algo, al contrario, es tener la certeza de que puedes dar mucho más. Supongo que todos los enamorados sentirán cosas parecidas, pero no todos se quedarían en el infierno pudiendo elegir paraísos.
La distancia nunca ha sido un obstáculo entre nosotros, bien es cierto que no nos disfrutamos como nos gustaría. Minerva vive en Valencia y yo en Ciudad Real. Nos separan escasamente dos horas en tren y ya hemos barajado las distintas posibilidades de vivir juntos. Semanas uno en casa del otro nos ha hecho ver que no tenemos problemas en una relación como cualquier pareja. Pero preferimos encontrarnos en ciudades que no conocemos, como furtivamente. No necesitamos hacerlo, nos mata la imaginación. Pero qué es la vida sino un gran escenario, donde hasta el último figurante puede ser la diferencia.
Es tal el sentimiento que me embarga, que necesito de algún modo contarlo. No en detalles por supuesto, pero sí para que alguien pueda intentar entenderme. Curiosamente esa persona es mucho mayor que yo.
La vida de Sergio siempre me atrajo. Años en Francia, Suiza, Alemania… Era como ese aventurero que había vivido mil y una historias. Me gustaba escucharle, a veces todo parecía irreal, pero tan creíble salido de sus labios… Siempre le preguntaba por alguna de mis inquietudes y qué haría en mi caso. No seguía lo que me decía a rajatabla, aunque encontraba en sus palabras algo que no había pensado. Al terminar, me comentaba: «nadie hará por ti lo que tú deseas».
Quedé con Minerva en vernos cinco días en Santander, ninguno lo conocía. Y a todos los que habíamos preguntado les parecía una preciosa ciudad. Salvo en la elección del hotel nada estaba hablado, estando juntos solo nosotros éramos la prioridad. Teníamos la costumbre de no coincidir a la misma hora de llegada a la ciudad elegida. El primero en llegar subía a la habitación y dejaba su ropa en sus distintos lugares correspondientes. Bajaba y esperaba al otro en algún restaurante cercano ya previamente acordado.
Esta vez me tocó a mí esperarla, me senté en uno de los taburetes de la barra y pedí una copa. Verla aparecer era como la primera vez pero, al mismo tiempo, como si acabara de salir cinco minutos antes a comprar cualquier cosa. No sabría explicar esa sensación, era como si pasado, presente y futuro estuvieran unidos en una especie de pacto para que todo fuera único. Era todo tan especial en ella, tan natural, algo así como solo mostrar un pedacito. Que mostrarse más sería pecado. Nunca dejaba de sorprenderme, aunque sabía perfectamente que me encantaría lo que llevara. Era apostar a caballo ganador.

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—¿Llevas mucho esperando?
—Por ti me pasaría la vida esperando en este taburete.
—¡¡¡Vaya!!! Solo por respuestas así, no me importaría verte una vez en meses.
—¿Resistirías no verme en meses?
—¿Por qué no me besas de una vez?
La cogí de la mano y salimos del restaurante. Sin rumbo, sin prisas. Ella me decía que todo era perfecto. Yo le decía que no, que lo perfecto lo hacíamos nosotros. Al cabo de varias horas regresamos al hotel. No había premura para nada. Todo surgía natural. Después de ducharnos y estar tumbados en la cama, comenté que pasara al baño y se pusiera lo que le había dejado. Mientras se vestía para mín cogí de mi maleta una cuerda roja que había traído. Subido a la mesa, coloqué una especie de gancho en el techo preparado para tal ocasión.
Cuando salió del baño comprobé, una vez más, que esas vestimentas estaban echas para ella. Tacones negros, medias negras y un corsé del mismo color, que dejaba al descubierto sus preciosas tetas.
—¿Un juego nuevo?
—Confías en mi, ¿verdad?
—Siempre, hasta creo que me conoces mejor que yo misma.
—Sabes que con decirme basta pararé todo lo que esté haciendo, ¿ok?
—Lo sé, cariño, nunca harías nada que pudiera dañarme.
Até sus manos con la cuerda y la pasé por el gancho. Tiré y sus manos quedaron en alto, como cual esclavo esperando sus latigazos. Vendé sus ojos con un antifaz y abrí del todo las cortinas. Esa luna llena parecía ser mi perfecto aliado. La luz era la idónea. Separé sus piernas con mis pies. Puse mi mano sobre su espalda y la incliné hacía delante. Puse mis manos sobre sus costados y las deslicé hasta llegar a su culo. Agarré sus caderas y con fuerza las llevé hasta mí, notando mi erección. Me dejé caer arrodillado y besé con dulzura su culo. Metí mis manos entre sus piernas y las desplacé hacía afuera, dejando su vagina al descubierto. Lamí con lentitud, con desesperanza. Ella se inclinó aún más, facilitando mis actos. Juntaba sus labios vaginales con mi boca y los soltaba. Los mordía y besaba. Pasé mi mano derecha por delante masturbando su clítoris.
Veía como la cuerda se tensaba cada vez que metía toda mi lengua en su vagina.
Introduje uno de mis dedos sin dar descanso a mi lengua. Percibí su orgasmo y paré de repente. Oí sus quejas. Me incorporé. Saqué mi polla de mi bragueta y la llevé a la entrada de su vagina. Apoyé mis manos en sus caderas y la introduje hasta el fondo. De su boca salió un grito de placer. Su cabeza se elevó y agarré con fuerza su melena, estirándola hacía mi. Me pidió que no parara, que su orgasmo estaba próximo. Paré en mis penetraciones y me separé de ella.
Me dirigí a la puerta y dejé entrar a tres hombres, ya acordados anteriormente. La penetraron uno detrás de otro hasta saciarse. Me mantuve a la espera de ese «basta» que nunca llegó. Los hombres abandonaron la habitación y la desaté. Quité su antifaz.
—Espero no haber pasado el límite
—Siempre sabes donde está… no me quitaste el antifaz.

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4 thoughts on “Minerva.

  1. Este relato me ha gustado mucho , lo has llevado con bastante credibilidad , es cierto que el amor a distancia a parte de desearlo más , la autoconfianza es primordial y por supuesto los juegos entre ellos deben ser siempre consensuados , lo que me despista al final es pq la penetran los tres hombres y él no participa…¿Ay trampa ? jajaj.
    De igual modo él ya le dio sus primeros orgasmos de una manera excelente.
    Un saludito y espero el siguiente relato ..feliz noche.

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