AMORES

La dama y el tiempo II…

Han pasado ya diez años desde la última vez que vi a Galilea. No pienso en ella con demasiada frecuencia para ser sinceros, pero sí que siempre estará en esa parte de mi corazón como alguien muy especial. Quizás como la mujer de mi vida. Muchos de quienes puedan leerme, podrían pensar que soy injusto con mi mujer, no, solamente digo lo que pienso y siento. Otros dirán lo cobarde que fui en su momento, tienen todo el derecho a decirlo, aunque no es necesario, ya estoy yo aquí para recordarlo y llevar mi condena mientras viva.
La empresa se ha consolido a nivel nacional y cada año se supera. Yo he ascendido por así decirlo, soy uno de los comerciales de ella. Mi carácter, mi «don» de gentes y por qué no decirlo, mi inteligencia, han hecho que tenga libertad de horarios y rutas a elegir. Una vez que entro a las nueve de la mañana y doy los buenos días, puedo hacer lo que quiera, llamar a clientes, visitarlos e incluso irme a mi casa de nuevo si me apeteciera. Por supuesto que luego tengo que presentar buenos resultados cada mes, pero me resulta fácil obtenerlos. Coche de empresa, móvil, dietas, comisiones mensuales y trimestrales, nómina bastante alta. Como en el restaurante que me apetece, en la ciudad que quiero y pido lo que me da la gana. Encima me he comprado una casa nueva, dos plantas, sótano, jardín de doscientos metros, piscina y acabo de estrenar moto y un gran coche. Preciosa mujer con un cuerpo de escándalo, dos niños maravillosos y una encantadora perra.
¿No debería quejarme, no? La verdad es que no lo hacía, pero me sentía algo vacío. Es como tener la certeza que puede haber más y estabas atado, que no estabas aprovechando la vida. No la disfrutabas como tú la sentías. Y claro que sabiendo de la vida y disfrute de amigos, compañeros y vecinos, aún tendría que quejarme menos. Sus vidas hasta me parecían ridículas, en cierto sentido. ¿Tenía yo la culpa de no conformarme? ¿De querer disfrutar más? ¿De tener inquietudes? Quizás si, porque era yo quien las tenía y no mi pareja. Bendita sea hasta el último segundo de su vida, pero éramos muy diferentes. A mí no me vale que alguien sea buena persona, trabajadora, limpia, madre, simpática, guapa y mil adjetivos más cojonudos. Pues claro que todo eso suma, pero acaso la vida no es riesgo, iniciativa, inquietud, probar cosas, hacer locuras… pasamos por la vida sobreviviendo, sin aprovechar el regalo que nos han hecho, vivirla.
Las reuniones de algunos comerciales en la central de todas las empresas se hacían cada vez más habituales. De cada tres meses pasamos a cada quince días. A mi me condenaba, salía a las ocho de la mañana y regresaba a casa a las tres de la madrugada. Eso si, tenían la delicadeza de hacerlas los viernes, así el sábado podríamos descansar. Y encima los compañeros solo veían que estaríamos todo el día tocándonos los cojones, comiendo y bebiendo, lo único malo para ellos era que tendríamos que escuchar un par de hora a alguien pesado. La de veces que dejaba las llaves del coche de empresa y el móvil en el mostrador. ¿Quién me cambia el puesto de trabajo? Incluye por supuesto mi mejor sueldo, dietas, libertad, y tantas y tantas cosas que habláis a nuestras espaldas. A cambio me quedo con vuestros sueldos, nada del otro mundo, pero fijos, sin problemas de tener que cumplir objetivos. Sin preocupaciones si entran más o menos clientes por esa puerta. A cambio os doy estar cuatro o cinco horas en la carretera, sin comer con vuestras esposas e hijos, verlos únicamente dormidos.
¿Ahora no habláis ninguno?
Menos mal que me encantaba la carretera y conducir. Perdonadme esta licencia. Siempre que lo digo me viene a la cabeza Rosa, un antiguo ligue o novia, como queráis llamarlo. Tenía un coño maravilloso que incitaba a lamérselo una y otra vez. Y digo menos mal, porque no me ponía nada. Me la comía de escándalo, eso si. En fin, historias para no dormir.
Como siempre, no entendía el salir a las ocho de la mañana, cuando las reuniones eran a las seis de la tarde. Y con tres horas de viaje bastaba. Llegué como de costumbre, sobre las once y media de la mañana. Pasaba de ir a la central, era el mismo rollo una y otra vez. ¡¡¡Hombre!!! Cuanto tiempo, vamos a tomar un café, volvías y con otro a tomar una cerveza, y luego en la reunión no sabías si te estaban explicando como esa máquina analizaba el circuito cerrado, o te estaban contando como saber el sexo de las gallinas. Aunque, sinceramente, me daba igual. ¿Para qué nos inundaban de catálogos de esa máquina semanas antes? Se supone que para leerlos y estudiarlos. ¿O era para llevarlos en el coche de adorno? Tanta reunión para saber de antemano lo que nos estaban diciendo.
Parado en ese semáforo la vi entrando en la cafetería de ese gran hospital. Era ella, Galilea. Me puse hasta nervioso, qué bonito es sentir. No lo pensé en cuanto se puso el semáforo en verde, giré y me metí en los aparcamientos del hospital. Aparqué cerca de la cafetería, salí del coche decidido y con prisas por si ya no estuviera allí. Me dio tiempo a pensar en mil situaciones desfavorables para mí, que ni siquiera me saludara, no me recordara, estuviera con alguien. No me importaba, quería verla. Y allí estaba, con unos bocadillos en la mano y pagando al camarero. Yo no sé donde metía sus cincuenta años, era lo más precioso que se puede contemplar. No me extraña que esos cuatro hombres que estaban sentados en distintas mesas no pudieran apartar su mirada de ella. Dejé mis llaves y el móvil encima de esa barra, mirándola, esperando que se girara para salir de esa cafetería. Elegante como siempre, pero discreta a la vez. Esa falda azul que se le pegaba a sus caderas, tacones del mismo color, esa camisa blanca con su fino cinturón. Esas grandes gafas que la hacían aún más atractiva y su melena ondulada.
Casi se le caen los bocadillos al girarse, los depositó al lado de mi móvil y me abrazó como si le fuera la vida en ello. Me besó con fuerza, se separaba unos instantes para mirarme a los ojos y seguir besando mis labios. Le agarré su precioso culo y la acerqué más a mí. Ya no eran besos, se convirtieron en mordiscos, desesperación. La cogí de la mano y salimos con prisa, como escapando por habernos ido sin pagar. Vi unos servicios al lado y no metimos. Como comprenderéis no me puse a mirar si eran de caballeros o señoras. Abrí la puerta de uno de los privados y pasamos dentro. La ayudé a subir su culo encima de la cisterna, sus tacones en la taza y arranque de un tirón todos los botones de su camisa. Metí mis manos por su cabello, cada una sujetando amabas mejillas, y la besé con fuerza, saqué sus hermosas tetas del sujetador y mordí sus pezones. Me separé y deslizando mis manos por sus piernas, me arrodillé. Subí con delicadeza su falda hasta donde pude y al ver sus braguitas no pude evitar arrancarlas. Agarré sus piernas con mis antebrazos y metí mi cabeza en ese mi infernal deseo. Lamía su vagina y mordisqueaba su clítoris. Introducía mi lengua cuanto podía y la volvía a sacar para repetir el mismo proceso. Sentí su orgasmo pero no paré un instante. Me separaba un poco de ella para juntar sus labios vaginales y besarlos. Su cuerpo se arqueaba, su barriguita se contraía, sus gemidos aumentaban. Mis manos de vez en cuando subían hasta tus tetas, apretándolas, haciéndole daño. Subía mis labios hasta llegar a los suyos, temiendo que se separaran y volvieran a unirse. Me sujetó la cara, «¡¡¡ por favor!!! !!!fóllame!!!» Sus palabras hicieron desesperarme, desabroché mi cinturón y pantalón con prisas, agarré mi polla y la lleve hasta su entrada, alcé mi mirada para encontrarme con la suya y la penetré de un solo golpe. Su cabeza se reclinó de placer exponiéndome su garganta, llevé mi mano a ella como queriéndola ahogar e intensifiqué mis penetraciones hasta hacerlas salvajes. Separaba su pierna con mi otra mano, me excitaba ver mi polla saliendo de ella.
Saqué mi polla de pronto, cogí su mano y la ayudé a bajarse de esa cisterna. La giré dándome la espalda, puse mi mano en su nuca y la incline hacía delante. Alcé su falda y contemplé su hermoso culo. Separé sus piernas con mis pies e introduje mi polla hasta el fondo. Agarré su melena con fuerza y la hacía venir a mí para besarle el cuello mientras la poseía. Notaba sus dedos rozando mi polla mientras se masturbaba. Paré e hice que se arrodillara lanzando mi semen por sus tetas y cara. Su lengua lamía mi glande intentando que nada se le escapara. Salió de mí esa carcajada inevitable de placer en todo su esplendor. La ayude a incorporarse y la besé, muy tiernamente.
P.D.- Nos vimos alguna vez más… pero eso será para otro día. Claro está, si me sale de los cojones.

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6 thoughts on “La dama y el tiempo II…”

  1. El personaje de tú relato como bien dices a pesar de tener casi todo observo que es inquieto y no esta contento o satisfecho con nada , necesita emociones fuertes pq a pesar de sentir ese deseo inmensurable por Galilea creo que solo es eso, deseo, pasión ,( que ya es mucho) si hubiera sido amor habría abandonado todo y hubiera formado una vida de aventuras al lado de ella , según sus palabras es su tentación .
    Espero si a usted le sale de los cataplines seguir leyendo esta historia .
    Un saludo .

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    1. jajajajaja…Ya me irás conociendo mejor, en primer lugar te contestaré lo último que has escrito si quieres seguir leyendo a Galilea solo tienes que mandarme un beso, en mi infancia nadie me besó, y es muy importante para mi. Respecto a lo otro llevas tu parte de razón pero hay un relato al principio de esa relación que aún no he escrito, quizás cambies de opinión respecto a ese hombre. Me gustas Campirela y no logro entender porqué…Besos niña.

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  2. No voy a entrar a valorar sus textos, unos están bien, otros regular y otros, sencillamente, son una auténtica basura, como este. Textos así son más propios de una perlícula pornográfica que de un relato érotico, si es que acaso pretende serlo, cosa que dudo. Porque, ¿en que género literario lo podríamos encuadrar?. Hay que saber diferenciar la línea que separa cada género, pese a que en ocasiones sea difícil hacerlo. Precisamente, ahí está el mérito del escritor. El relato -sobre todo la parte final- me resulta soez, impropio y maleducado; con nada de gusto. Más bien, se asemeja a un calentón repentino de su mente. Pero claro, su estilo dista mucho que usted sea escritor profesional. Para la próxima vez, no se ponga una película porno para inspirarse, que seguro lo hace mejor. En fín, serán lo calores de este verano tan tórrido que estamos sufriendo. O eso, o usted necesita un psicólogo/sexólogo con urgencia porque su caso es grave, mucho. Por cierto, le recomiendo que si no quiere tener un problema legal en la red, haga algo por avisar sobre el contenido inapropiado para menores de edad, es consejo de “amigo invisible”. Y no lo digo por los menores de edad, se lo hago saber por sus padres o tutores (si, este país es así). Siga así, no llegará muy lejos…

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    1. Gracias por tu argumentación. Ya me contarás un día de estos como follas tú, mejor dicho, como haces el amor, lo mismo es un casco sin tocar a tu pareja. Espero también tus comentarios en esos relatos que TÚ dices están bien. Cierto, necesito una psicóloga.

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  3. A ver… no te lo tomes a mal, hombre. Pero si todos escribiéramos lo que nos pasa por la cabeza en ciertos momentos de la vida, quizá demostraríamos que tenemos que visitar al psicólogo. Simplemente te digo que me sorprende que alguien sea taaaaan gráfico, o explícito, según quiera llamarlo cada uno. Hay un párrafo en el que escribes la palabra “polla” tres veces. Me parece abusar de la palabra, pero es que no es el único texto. Da la impresión de que la tengas metida en la cabeza, en lugar de entre las piernas jajajajaja. ¿Conoces lo que es la elegancia? ¿Y la clase? Pues eso… es un consejo, y son lentejas.

    El estilo se puede mejorar en este texto concreto y, por supuesto, te daré la enhorabuena cuando lo merezcas, que seguro que será así en más de una ocasión. No por ser tan explícito y soez a la hora de escribir se tiene más éxito (aunque bueno, mira a Belén Esteban cómo triunfa…). Quizá estamos en una sociedad en que lo vulgar gusta, y además somos tan hipócritas que nos da vergüenza reconocerlo… Aún así, repito, no creo que al público femenino -en general- le agrade la expresiones que utilizas en este relato. Aunque luego casi todas sean unas golfas vestidas de monja jejeje. Haberlas, haylas… y muchas. ¡Bendita doble moral, querido Luis!

    ¡Cordiales y calurosos saludos!

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    1. Te lees las incoherencias ? llevas razón que escribí polla varias veces en tan breve espacio, pero es que la sacaba e introducía. El sexo no es explícito? . No se trata de lo vulgar, se trata de ignorancias y miedos. Que a la polla la llamen vaso y meteré el vaso. Casi todas sean unas golfas? Mal, muy mal campeón…venga va, vente conmigo esta noche.

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