El tablero de ajedrez…

Hace un tiempo me dijo una persona que no es lo mismo arriesgar sin jugarte nada hacerlo con mucho en juego. No pude quitarle la razón, esa persona podría perder una preciosa casa por un modesto piso, un coche nuevo por otro de segunda o tercera mano, vivir desahogadamente a tener que mirar por el dinero, de explicar a conocidos, amigos o familiares el porqué de ese cambio a peor. Era mucho lo que se jugaba, cierto. La otra persona solo podía perder sentimientos, el amor que sentía, la ilusión que le embargaba, los sueños y planes que realizaba, su fé en el otro, sus risas, alegrías, ánimos, confianza, compenetración…cierto, esta persona no perdía nada.
Son las personas las que hacen aprender y cada vez las entiendo mejor, o peor, no lo sé, de lo que si estoy cada día mas seguro es lo que no quiero, parecerme a ellas. Ahora comprendes su felicidad. Suele haber dos formas de no tener nada material, que nunca hayas tenido y nada tienes, o que lo tuviste y lo has perdido por distintas maneras.
Cuando una persona no tiene nada es parecida a un niño, cualquier cosa le ilusiona y de igual forma le hace llorar. Es como una figura de barro sin hornear, donde una pequeña brisa la puede deformar pero a la vez es como ese material indeformable, fuerte, que es capaz de afrontar todo, de enfrentarse a todo siempre y cuando no le suelten de la mano.
Y un día una de esas figuras de barro escuchó a una persona aconsejarle. Porqué no ir a la radio, saben que has escrito un libro?. Pensé que porque no, no todos pueden decir que han escrito un libro, otros solo por hecho de existir tenían sus espacios en la emisora. Me dirigí hacía ese edificio, tantas veces visto y sin conocerlo. No podría asegurar que sentimientos tenía (si, esos que no tienen importancia), un conjunto de todo supongo, ilusión, miedo, timidez, vergüenza, con esas mariposas que no necesariamente tienen que ser de amor, un estado de felicidad o mejor dicho, de sentirte bien, de estar a gusto contigo. Quien me conoce sabe que mi cuerpo no suele expresar nada por fuera lo llevo todo dentro. Llamo a ese timbre, subo una escaleras y ahí frente a la puerta, “emisora local” dos pequeños golpes con mi mano y abro. Una sala espaciosa, tres mesas con sus respectivos ordenadores, dos personas, mujer y hombre, cada uno sentado en una de esas mesas, un gran ventanal donde veía a otra mujer, Noemi, la directora. Si alguno está pensando que como sabía su nombre, fácil, me gusta estudiar las situaciones y personas, así siempre tengo ventaja. Otra veces solo tengo que dejarlas hablar y esperar mi momento. Lo de la sala, complementos y personas de la habitación me basta con una sola mirada, lo de la memoria ya es otra cosa, la voy perdiendo. Por cierto, dos pequeños sofás de color naranja a mano izquierda conforme entrabas a esa habitación. Encima de ellos, en la pared el nombre de todas las persona que de alguna forma han tenido que ver con la emisora, cartelito en la puerta por si quieres hacerte una foto de tu “entrevista”.
Al hombre ya le conocía de haber coincidido varias veces, no recuerdo si alguna vez cruzamos palabras pero me era bastante familiar, él periodista deportivo, yo, quince años practicando. Saludo con educación y me dirijo al despacho de la directora, hacer ver al jefe que es quien manda y decide le gusta. Me presento y le regalo mi libro, después de unos minutos y pareciendo simpática me invita hablar con Angel para ultimar la entrevista. Quedamos en el día y hora que el me dice, faltaría más. Ese día y quince minutos antes de esa hora allí me encuentro. Saludo amablemente y me siento en uno de esos sofás, en silencio, esperando. La entrevista transcurre con naturalidad, bien contando el hecho que nunca he estado frente a un micrófono y mas sin formulario previo de preguntas o alguna información de como tenía que sentarme, alzar o bajar mi tono de voz, etc…
Una vez terminada la entrevista pregunto si puedo llevarme la emisión de la misma, no hay problema, pero no he traído nada donde poder grabarla y me invitan a pasarme unos días mas tarde. Así lo hago y vuelvo a repetir mis “actuaciones” anteriores, llamar a esa puerta, saludar, sentarme en ese sillón y esperar a que me llamen. Una vez que me entregan la grabación dejo caer un espacio para los autores poco conocidos, a todos les parece una buena idea, para que vamos a engañarnos, no es una emisora que se caracterice por buenos espacios. Incluso me proponen hacer un curso para que en un futuro tenga mi propio espacio radiofónico de noche, sin tener que estar otra persona a los mandos.
Supongo que a estas alturas del escrito iréis entendiendo mejor la ilusión del niño, de la figura de barro, del que nada tiene que perder. Pasan varias semanas, varios programas, me llevo bien con todos, es algo que me resulta fácil, mas afinidad con Angel que es quien mas tiempo pasa conmigo. Nunca les pedí nada, bueno, una cosa si, que hicieran lo posible porque mi ilusión permaneciera en el tiempo. Me presentaba el día que me decían, a la hora convenida, llevaba mis relatos grabados, el número de móvil y nombre de los entrevistados, nunca se preparó un solo programa, no me hacía falta, me decían sentarme y en antena. No quería molestar, en cierta forma me estaban ayudando a realizar un pequeño sueño, hasta recuerdo que una semana no hubo autor en el programa con no disponía de teléfono fijo y quise asegurarme si podíamos llamar a móviles. No quería que la emisora saliera perjudicada en nada. Gasté el dinero de una bellísima persona en unos auriculares profesionales, en un buen micrófono, descargué programas para grabar los audios de los relatos, pedí favores para subir los las emisiones a las distintas redes sociales, todo me parecía poco.
No cobraba ni un euro, ni lo quería ni fue el motivo de meterme en ese mundo. Ya me daba por bien pagado al dejarme sentirme vivo. Y llegó ese lunes, parecía que me estaba esperando, como maquinando todo el fin de semana lo que me diría, deseosa en cierta forma de hacerme daño. Me invitó a pasar a su despacho, no cerró la puerta, quería que Angel lo escuchara. No voy a permitir que en horario infantil se tenga un programa de sexo, no estoy dispuesta a que me llamen la atención y por supuesto tú no vas a jugar con el plato de comida de mis hijos.
Habéis observado alguna vez el rostro de esa persona cuando la inquina, el odio, el daño gratuito, la injusticia de otra persona se ceba en ellos?.
Me mantuve impasible, que podía decir yo ante tales argumentos?. Pero tengo ese “don”, ese ángel que nunca me abandona, que sin mediar palabra hago regular a las personas.
Continúo, comprende que soy una “mandada”, que no quiero problemas, cuando termines el curso tendrás tú propio espacio. No tienes nada que decirme?
(pensé que programa había escuchado, el mío desde luego no)
A una “mandada” no, hablaré con quien manda. Angel no entendía nada, tampoco espero ni quiero que nadie me defienda exponiendo su puesto de trabajo, pero una llamada de teléfono no me habría venido mal, que Silvia hubiera salido un segundo al menos a despedirse y no parecer ocupada, o quizás fue vergüenza ajena, seguro que me equivoco, me lo hubieran dicho, no?
A mi querida alcaldesa Victoria mil gracias por recibirme, por sentarme en tu despacho, por tu simpatía, por el cariño que demostrabas al hablarme, pero yo solo te pedí imparcialidad, lógica, sentido común. Antes de ir a verte ya había decidido no volver a la emisora, no quiero jugar con la comida de nadie, menos de unos niños. Pero si esperé de ti algo más, una simple llamada por ejemplo. No solemos coincidir mucho en el pueblo, tampoco con Noemi, hasta creo que no es de aquí, lo que me pregunto es si podréis mantener mi mirada sin bajar la vuestra.

P.D.- Noemi, el plato de comida ya lo tienen asegurado tus hijos gracias a su madre, pero si un día esos niños quieren algo de dignidad y principios sabes donde estoy, les daré cuanta necesiten.

El tablero de ajedrez


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